«Estamos volviendo a la represión antigua. Antes con mi
padre veía los carteles de prohibido el cante, en los 60, en las tabernas de la
Plaza Alta y ahora mira, aquí en La Casona Baja...» Y efectivamente podemos
leer justo detrás de la barra: 'En este establecimiento está prohibido cantar,
tocar las palmas o cualquier instrumento musical'. «Fíjate, encima, frente a la
escultura del Porrina».
Quien habla no es un aficionado, es un gran cantaor. Uno de
los guardianes de nuestro arte. Domingo Rodríguez 'El Madalena'. «Y fíjate, un
establecimiento que está apostando por el flamenco como es La Casona Alta»,
apostilla. Damos un paseo por el Casco Antiguo con Domingo. Por la Plaza Alta,
'El Madalena' se mueve como pez en el agua. Se para, saluda, llama la atención
a alguno que se le acerca «Antonio, ¿otra vez? ¡Que luego te coges unos pedales
que dan miedo!». Parece un candidato político. «Mira, María Isabel, allí estaba
el bar Gasógeno». Habla del bar donde se reunía con los amigos de niño para
tomar un vino dulce y una tapa de morcilla mondonga a una peseta, en la esquina
del rastro .
-Usted es payo pero criado entre gitanos...
-Yo no soy gitano pero no me importaría serlo.
¿Usted les entiende?
Sí, y ellos a mí. A la Bienal de Sevilla fuimos dos grupos y
yo fui con los gitanos. Yo estoy muy conforme con ser payo, pero no veo la
diferencia con los gitanos. Cada uno es como es y ya está. Antiguamente, hace
50 años más o menos, donde yo crecía, donde viví, en la Plaza Alta había cinco
familias de gitanos. Ahora hay siete mil. Los muchachos jugábamos juntos al
balón, cantábamos juntos, las casas estaban siempre abiertas. Nosotros teníamos
un negocio de gallinas, de magdalenas...
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| EL MADALENA FOTOGRAFIA PAKOPÍ |
-¿De ahí el nombre?
-Bueno el nombre me lo pusieron en la casa de discos cuando
me preguntaron, ¿y usted como se llama?, yo: Domingo Rodríguez. 'Ah, pues ese
nombre no...'. Alejandro Vega propuso el nombre y ese se me ha quedado.
-¿Cómo recuerda sus comienzos?, ¿la vida de la época?
-Era un vida muy bonita, muy sana. Yo con diez años, en el
año 1957 ganaba diez duros en la cafetería donde trabajaba, no había cumplido
los once, y con ese dinero jugábamos todos... Los gitanos con sus limitaciones
económicas... Nos juntábamos 'El Payo Boqui', (porque tenía la boca muy grande)
que en aquella época estaba de botones en la aseguradora 'La Estrella' y yo.
Éramos los dos que teníamos cinco duros. Por esa fecha nos esperaban en los
escalones de la Iglesia de La Concepción -sobre todo en verano, porque estaba
muy fresquito- todos los gitanitos. En la esquina del Rastro había un buzón de
correos que tenía una sonoridad tremenda. 'El Tuertino', un gitano que tenía un
gran sentido del ritmo era el que lo tocaba. No teníamos ni guitarra ni nada, y
de ahí a 'El Gasógeno'. Nos liábamos al mediodía pero poco tiempo porque tenía
que trabajar y echar una mano en mi casa con el horno. El mayor en la
panadería, otro hermano frente a la Calle Zapatería vendiendo magdalenas,
chicharrones, perrunillas..., mi madre vendía fruta, caza, pollos de campo...,
¡se vendían hasta los peces del Guadiana en la Calle Zapatería!. Había mucha
gente que se dedicaba a eso. Venía una mujer con un duro en papel, y se llevaba
cinco kilos de peces porque aunque no te los comieras hacían una buena sopa.
-Hay gente que piensa que en la Plaza Alta se cantaba
flamenco pero no es del todo cierto, ¿lo recuerda usted así?
-Yo vivía en la Plaza Alta, y que yo recuerde había cuatro
tabernas, y en todas había 'Prohibido el cante' menos en una que él dueño no
quería, pero no tenía el cartel.
-Pero, ¿por qué?
-Porque el flamenco estaba muy mal visto en aquella época.
Era de gente de 'malvivir', de gitanos, maleantes; ahora, como se ha demostrado
que es una cultura, la historia ha cambiado. Y fíjate si es cultura que ya es
oficialmente Patrimonio de la Humanidad, aunque ya lo era, porque en Japón hay
más academias que en toda España, en Francia, en EEUU..., pero todo lo que sea
un reconocimiento bienvenido sea.
-¿Cómo se siente tras el éxito del espectáculo 'Jaleos y
Tangos' en Casa Patas en Madrid?
-'Casa Patas' es el templo del flamenco de Madrid. Hemos
recibido muy buenas críticas, la acogida ha sido extraordinaria. La gente, y
todos los artistas que pasaron, nos dijeron que no estaban acostumbrados a ver
esa pureza. Yo les decía que no era mérito que eso lo llevamos haciendo toda la
vida. Eso sí, cuando va un grupo hay marcadas unas pautas, con cuatro guitarras
se hace más complicado (Miguel y Juan Vargas van de cabeceras) y las otras dos son
'El Nene' y David.
-¿Hay más problemas a la hora de improvisar?
-No, no necesariamente. Cada uno improvisaba según le
convenía, pero sí hay unos parámetros. Hoy hace uno una variación, otro día
otro, pero hay que hacerlo en su momento. Cuando vas solo, lo haces a tu libre
albedrío.
-¿Sabe? Me llama la atención el cariño y mimo con el que
pone en orden sus recuerdos...
-Sí.., yo me vine de Madrid antes de que creciera mi primera
hija, porque yo echaba de menos mi tierra. Me vine un año de vacaciones en agosto
y no me volví. Recuerdo que con doce años ganaba dos veces más que mi padre en
el ayuntamiento. Había días que me llevaba 20 duros en propinas. En la
cafetería 'La Marina' se jugaba al dominó, a las cartas, y yo compraba las
barajas de segunda mano a 11 pesetas, y luego las vendía a 18. Se negociaba con
todo. Era el instinto de supervivencia.
-¿Y qué le parece la crisis que estamos viviendo, las
necesidades que se están pasando?
-Se vive mejor que nunca. Con 20 años era un trabajador y
ahora tengo apartamento en la playa, casa en el campo, un Mercedes que antes
era impensable.. Decía mi madre que era la mejor del mundo, que antes las
puertas estaban siempre abiertas, y ahora..., y yo le decía: madre, ¿y antes
que se iban a llevar si no teníamos nada?, las sillas, la mesa, un aparatito de
radio... Hoy se vive mejor que nunca...
-Los gitanos que entrevisto siempre me dicen que nadie puede
cantar los jaleos como ellos, ¿usted opina lo mismo?
-Solo lo podemos hacer nosotros porque los demás no lo han
mamado. Hay que beber en la fuente. Algunas cantaoras se han hecho cantaoras de
mayor y en la Cristina Heeren.. En el flamenco el 60% es garganta y el 40%,
corazón, y si éste no funciona, no funciona nada. Hasta el propio Ramón El
Portugués o El Guadiana se pierden en los tangos, en el soniquete, porque
pierden el contacto con Badajoz, con la raíz que son los gitanos de Badajoz.
-Y de esos gitanos, ¿existe relevo?
-Ahí está el problema. El otro día vi a una señora cantando
cerca de Quintana que me sorprendió mucho. Otro joven, Paulo Molina cuando se
serene... No puede ir por delante de los tiempos, no puede sacar el flamenco
del contexto porque tiene una medida. Puedes ponerle tu pellizco, tu
impronta... Paulo cuando se asiente puede ser un buen cantaor. De todas formas,
La Kaíta por ejemplo, es joven y aún da tiempo de que salga alguien nuevo.
Porque aquí los cantes autóctonos y los estilos personales alguna vez en
general y los flamencos en particular tenemos que valorarlos en su justa
medida. Lo que ha hecho Paco Zambrano es increíble, porque hasta que no llegó
él en los 70, los flamencos decían que los cantes no existían, que si eran unos
tanguillos que se cantaban en los corrillos. Si tuvieran que homologar ahora
nuestros cantes, no los homologaban en ninguna parte tal y como está Andalucía
con el flamenco...
Mª ISABEL RODRÍGUEZ PALOP
http://www.hoy.es/v/20110528/sociedad/canta-bien-solea-canta-20110528.html

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